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L’Epée 1839 The Gekko: el arte de aferrarse a cada instante

Publicado por Aster en Noticias    26 de julio de 2026   

The Gekko de L’Epée 1839 es una edición limitada de 99 piezas, disponible en tres acabados: totalmente enchapado en oro, negro y plata y champán.

L ’Epée 1839 se inspira en la naturaleza para dar vida a The Gekko, otra de sus fantasías de criaturas mecánicas. Esta pieza escultórica de relojería se impulsa por un movimiento de esqueleto abierto y está diseñada a imagen de uno de los lagartos más sorprendentes de la naturaleza. Desde los bosques prehistóricos hasta las modernas ciudades, los gecos han sobrevivido a cambios climáticos masivos y desplazamientos continentales. Su tamaño reducido, su capacidad de adaptación y su extraordinario físico les han permitido convertirse en uno de los grupos de reptiles más prósperos de nuestros días. Al igual que el propio geco, la Fábrica de L’Epée se adapta a territorios inexplorados. Curiosa y sin temor a los desafíos técnicos o creativos, la firma continúa expandiendo los horizontes de la relojería para transformar el sosegado misticismo del geco en una vida mecánica donde la naturaleza, el simbolismo y el tiempo se entrelazan. Pequeño, silencioso y siempre vigilante, este reptil consiguió adentrarse hace ya mucho tiempo en la imaginación humana. A través de las culturas, desde el sudeste asiático hasta el Mediterráneo y las islas de Polinesia, se considera un guardián del hogar y un símbolo de renovación, adaptabilidad y serena resiliencia.

Con una elegancia y facilidad inigualables, el geco se desplaza por paredes, techos y lugares a los que pocas criaturas pueden llegar. Gracias a millones de diminutos pelos microscópicos ubicados en sus almohadillas, el animal puede adherirse incluso a las superficies más lisas, desafiando la gravedad con una precisión extraordinaria. Inspirado por esta agilidad natural, The Gekko de L’Epée 1839 puede montarse como reloj tanto de pared como de mesa. Pieza de relojería y objeto artístico a la vez, The Gekko habita su entorno como una escultura viviente, aportando una silenciosa vida mecánica al espacio que ocupa. Una vez montado en la pared, el reloj revela una nueva dimensión de versatilidad. Gracias a su sistema de fijación, la pieza puede colocarse en 11 posiciones diferentes, permitiendo toda una variedad de orientaciones. Al igual que un geco que elige su lugar en una superficie, el reloj puede colocarse en distintas posiciones para emular la intención de escalar, estirarse o descansar, hacia arriba, hacia abajo o de lado, ofreciendo siempre una nueva perspectiva sobre la escultura. En una ingeniosa extensión de esta adaptabilidad, la esfera presenta un anillo giratorio que se puede ajustar para que coincida con la orientación elegida para The Gekko, reposicionando los índices horarios de forma que se disfrute de una legibilidad óptima de la hora desde cualquier ángulo. De este modo, el objeto no solo se adapta a su entorno, sino también a la visión de su propietario.

El tiempo se muestra en una esfera abierta situada sobre la espalda de la criatura, donde dos agujas indican las horas y los minutos. Más allá del anillo central, una delicada estructura metálica se despliega sobre la esfera, cuyo diseño calado evoca la textura orgánica de la piel del geco. La luz fluye libremente a través de la arquitectura aireada, otorgando a la esfera profundidad y ligereza, al tiempo que evoca los intrincados patrones que se encuentran en el cuerpo del lagarto. Integrada de manera impecable en la escultura, la esfera se aprecia como una extensión natural de la criatura. En el corazón de esta creación se encuentra una característica lúdica a la vez que poética: al reloj se le da cuerda moviendo la cola de un lado a otro. En la naturaleza, la cola del geco actúa como una reserva de energía y un medio de supervivencia, capaz de desprenderse en momentos de peligro para regenerarse posteriormente con el tiempo. Aquí, la cola se convierte en la fuente de vitalidad del reloj. Al darle cuerda, se almacena la energía que pone en marcha el movimiento, impulsando el lento y constante paso del tiempo. La hora se ajusta en la parte inferior del reloj a través de una llave de cuerda específicamente diseñada para ello. A medida que el movimiento avanza, la energía acumulada se libera gradualmente evocando el ciclo natural de pérdida, renovación y continuidad. La experiencia de dar cuerda y ajustar la hora se convierte en algo más que simples acciones mecánicas, dando lugar a un ritual silencioso a través del cual el propietario resucita a la criatura y se conecta con ella.

La escultura parece serena y compuesta, mientras que en su interior un movimiento calado revela la intrincada arquitectura interna del mecanismo. Cual anatomía viviente, los engranajes permanecen completamente visibles revelando la vida mecánica de la criatura. En la cabeza, el escape, posicionado como la mente del geco, marca el ritmo del tiempo evocando la serena vigilancia del animal. Se ha dedicado un gran esmero al acabado del cuerpo, las patas y la cola de la criatura, todos ellos meticulosamente elaborados y terminados a mano. Las técnicas artesanales como el biselado, el pulido a espejo, el acabado satinado, el acabado satinado circular, el arenado y el pulido aportan profundidad y contraste a las superficies. Al jugar con la luz en cada curva y faceta, los acabados revelan el carácter escultórico de la pieza, permitiendo que los reflejos y las sombras animen la forma del geco de manera muy similar a la forma en que la luz se desliza sobre la piel de este fascinante animal en la naturaleza. A través de la visión de la diseñadora Marie Siebenborn, L’Epée 1839 transforma este humilde compañero en un refinado objeto horológico tan original como escultórico y profundamente simbólico. Colgada sobre una pared o descansando en una mesa, la criatura se convierte en un guardián silencioso del tiempo, observando los ritmos de la vida diaria con una vigilancia inquebrantable.

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